jueves, 11 de septiembre de 2008

Fantasias

Fantasias

“Nada hay tan delicioso como el olor de un niño ni tan excitante como el de un hombre joven.” Isabel Allende.

Afamada escritora y creadora de uno de mis libros favoritos. Cualquiera que clame tener una gota de sangre caliente en las venas no puede quedar indiferente ante “Afrodita”. Esta creación de dudosa clasificación, pues es imposible determinar si es un libro de recetas o un manual de sexualidad, es una compilación de placeres para el cuerpo y el alma. En alguna de sus páginas se pregunta la autora como seria su propia orgia. Dice haber deseado secretamente que algún amante intrépido se tomara la molestia de arrastrar los muebles por toda la casa buscando crear un rincón íntimo, único, recién inventado donde hacer el amor. Y me pregunto yo, ¿que mujer en su sano juicio no habrá deseado lo mismo? Digo mujer porque los hombres, salvo por contadas, contadísimas en realidad, excepciones, no tienen tanta inventiva, de ahí remedios como la pildorita azul y las ovejas inflables.

En algún lado de la Biblia, y que me perdone Dios si peco poniendo palabras donde no las hay, dice que: De al abundancia del corazón habla la boca. Eso explicaría porque los hombres son tan dados a bocinar sus proezas amorosas. Es pura arrogancia y para muestra un botón basta. No hay más que mirarles entre las piernas para darse cuenta que hace falta muchísima fuerza de voluntad, fuerza divina, fuerza amorosa, fuerza medicinal y la fuerza del universo entero para mantenerles la “moral” en alto. El día que se les ocurrió a esas lumbreras del sexo opuesto cimentar en esa tripa flácida el centro de su virilidad y hombría todo se les fue al demonio. No se puede confiar en un órgano tan inestable y caprichoso. Desde entonces tuvieron que buscar otras formas de hacer valer el poder de la testosterona poniendo bajo sumisión a las mujeres, ¿y quien los culpa? Debe ser muy difícil admitir que nosotras tenemos más ventajas reproductivas que ellos. Nuestros órganos sexuales y reproductivos son una maravilla de la creación capaz de crear vida e incitar los más profundos placeres. No en balde esa tripa caprichosa solo se digna a despertar de su letargo ante la presencia de la exquisitez de una vulva.

En toda regla hay excepciones y eso me lleva a esos hombres que son capaces de controlar esa parte de su anatomía que parece, en la mayoría de los casos, estar completamente enajenada de su dueño. Esos hombres capaces de conquistar a la poderosa vulva. Amantes tan dedicados a deleitarse en nuestros cuerpos que han sido capaces de descubrir los secretos de cada cámara oculta y cada pliegue de ese laberinto en el centro de nuestros muslos. Esos amantes que muchas mujeres nacen y mueren sin encontrar nunca, pero que viven imaginando. Ruego a Eros y Afrodita que no me dejen morir sin encontrar al mío, entonces me pregunto como seria mi fantasía propia fantasía sexual.

Me imagino ser una odalisca atrapada en la torre de un castillo árabe en una cámara adornada de las más hermosas sedas bañadas de mirra, clavo y canela. Incienso destilando por las esquinas, las sabanas cubiertas por pétalos de fragantes flores exóticas y el olor de los naranjos y los cerezos traídos por el viento. El piso cubierto por alfombras de la más suave alpaca y cojines de plumas forrados de piel. Los más exquisitos manjares a mi alcance, dulces, mermeladas, nueces, frutas, sabores y texturas imposibles de resistir. Yo, casi desnuda, vestida solo con transparencias multicolores, inundada de olores intoxicantes, con la boca llena de sabores que no había probado nunca y el vientre desbordante de anticipación esperando a que llegue el. Mi corazón retozando en mi pecho ante la posibilidad de que esa sombra en el balcón me anuncie la llegada de ese hombre con mil nombres y mil vidas pasadas, pero con el mismo rostro, mi amante. Al fin llega, se detiene en el umbral, aspira los olores en el aire y que tengo impregnados en la piel, se acerca, no dice nada y me besa. En ese momento mis sentidos se funden con las sensaciones que sus labios me provocan. El sabor de su saliva que sabe a leche y a miel, de su lengua suave como crema de avellanas, boca deliciosa que me hace enloquecer. Lo siento cerca, ciento su olor a hombre, a sudor, a caballo, a hierba fresca y a monte y ya no me tientan los aromas del incienso y el perfume de las rosas. Ahora solo quiero llenarme los adentros de el y de su olor viril, siento que si dejo de abrazarlo no pode respirar jamás, nunca mas. Sin dejar de morderme la boca, me despoja de todos los retazos de seda que cubren mi cuerpo vistiéndome de besos y dejándome el alma desnuda. Yo lo libero de su armadura y tiro al suelo su espada, pesada, como la necesidad que tengo de tocarlo. Lo desvisto sin prisa porque me quema el deseo y mis manos tiemblan o quizás esta temblando el universo entero. Lo recorro entero con mi boca, bebiendo su sudor, que destila por su piel como el deseo. Enlazados como la hiedra caemos juntos sobre las almohadas, mi piel contra la suya, contra la alpaca. Me envuelve con sus brazos, lo envuelvo con mis piernas, nos fundimos, nos hacemos una masa compacta de murmullos, de besos, de pasión y deseo. A medida que el me llena los adentros se me va saliendo el alma del cuerpo y puedo vernos desde las alturas dos cuerpos rebosantes y plenos. Lo veo invadirme, conquistarme, obligándome a rendirme, plantando bandera y declarándome suya, como ha hecho con otras tierras lejanas. Desde lo alto puedo oír sus desvaríos amorosos, sus palabras que se enredan en su respiración, atajadas con jadeos. Lo veo devorarme con la desesperación de una fiera en celo, con el apetito voraz de un ciclón y con la devoción de una oración. Mi vientre esta lleno de su centro, mi alma de sus anhelos, mi boca de su aliento. Mi cuerpo amoldado a su cuerpo, mi alma en sintonía con su agonía que es a la vez mi propio tormento. Comienzo a vernos cada vez mas cerca, descendiendo en un regreso lento y fatigoso, siento otra vez mi cuerpo, me falta el aire, siento su cuerpo y su respiración errante, siento su boca susurrándole versos a mi boca. Abro los ojos y lo veo, a mi amante, reposando a mi lado, dormido, agarrado a mi cintura, pegado a mi pecho como un reciénnacido lactante. Aun es de noche, pero juro que acabo de ver salir el sol cuando mi amado abre los ojos y veo su mirada llena de deseo.

Para mi suena ideal, pero esta no es mi fantasía mas profunda. Mi fantasía seria encontrar al hombre que me haga vivir en la simplicidad de mi humilde habitación, con mi cama de un colchón y dos almohadas, el sueño de poder sentir que mis sabanas recién lavadas huelen a mirra, a clavo y a canela…

domingo, 6 de enero de 2008

Resoluciones sin Resolver

Hoy es domingo seis de enero, día de Reyes, una vieja tradición navideña. Para estas fechas las resoluciones de año nuevo se han quedado sin resolver y pasado al olvido, como el año que se fue. Atrás quedaron las ganas de cambiar, de evolucionar, de ser mejor y de vivir la vida desde otra perspectiva. Yo en cambio cada año me propongo no proponerme nada. ¿Para que? Me pregunto yo, si siempre termino el año con mis resoluciones llenas de polvo en el olvido y sin resolver. Aun así hay gente que no pierden la ilusión ni la inocencia, benditos sean, y cada año como todos los anteriores, se proponen cosas que saben a toda conciencia no van a conseguir, pero sin perder un minuto luego de las doce campanadas hacen su listita mental de todo lo que quieren cambiar, mejorar o añadir a sus vidas. He llegado a pensar que el truco y la verdadera belleza de ese ilusionismo sicológico que son las resoluciones de año nuevo, es que por dos minutos la gente se permite soñar, sin que nadie les critique, con una vida mejor, con la vida que quieren y no la que tienen. Yo mi vida prefiero irla cambiando en el camino si me apetece, brincando escollos según van apareciendo, apreciando y disfrutando lo que me cae del cielo.

Esta mañana andaba navegando como cosmonauta las galaxias cibernéticas y me tropecé con un articulo sobre como ser feliz. ¿Habrá una receta? ¿Será tan fácil como seguir esos diez pasos que anunciaba con letras enormes ese enlace informático? De todos modos me propuse leerlo porque, bueno porque es domingo en la mañana, ¿Qué otra cosa podía hacer mientras tomaba mi café? El autor del susodicho artículo asegura que la felicidad no reside en crear momentos felices sino en sacar lo máximo de cada momento de la vida. Y dije yo “Bueno nada que no se hubiese oído antes” paso numero uno es harto conocido, así que continué leyendo pasos dos al diez de esa receta para la felicidad. Debo admitir que entre los consejos había uno que otro que aplicados religiosa y consistentemente pueden mejorar la condición a tratar, pero ¿quien tiene tiempo hoy día para detenerse a oler las rosas? Sobre todo las rosas, que no me gustan para nada, quizás las orquídeas o los jazmines, pero bueno eso es otro asunto. El punto es que para ser feliz hay que trabajar muy duro lo que, podrían asegurar algunos, desafía completamente el propósito. Entonces pensé que bueno igual y merece la pena poner un poco de esfuerzo porque tampoco es que la felicidad nos va a caer sobre la cabeza como la manzana de Newton. Y me puse a pensar o mas bien a preguntarme, ¿Qué puedo yo sacar de estar aquí sentada con mi pedazo de pan en la mano, un café en la otra, la portátil de frente y los audífonos espetados en las orejas? Ahí me di cuenta, que no había otra cosa que hubiese preferido en ese momento que estar haciendo exactamente lo que hacia, bueno en el fondo si. Me hubiera encantado despertar y darme cuenta que estaba en ese lugar al que sueño ir, rodeada de la gente a la que aspiro a conocer algún día y haciendo lo que me apasiona: escribir. Pero como eso no es posible, por el momento, pues tuve que sacar lo máximo de lo que me estaba dando la vida en ese instante. Ahí estaba yo, con mi café en mano, de ese lugar que esta en cada esquina para satisfacer mi neurótica necesidad de cafeína, con mi pedazo de pan del súper, nada del otro mundo pero muy rico, en la otra. Frente a mi, la portátil, mi mejor amiga, la única que me entiende y sabe traducir en letras todos los remolinos de mi cabeza y mis audífonos, que parecen estar quirúrgicamente pegados a mi cabeza, con mi música favorita. Así, metida en mi mundo, sin nadie alrededor era como me apetecía estar y estaba muy feliz. Siempre que un sentimiento me agobia tengo que escribir, es una necesidad vital, si no lo hago exploto.

Para regresar a la cuestión del artículo, me da mucha vergüenza reconocer que esos consejos tan insulsos tuvieron un efecto positivo en mí esta mañana. Darme cuenta que un café, un pedazo de pan y mi portátil era todo lo que necesitaba para ser feliz, al menos en ese momento, fue una revelación porque he estado así muchísimas veces y nunca me había detenido a oler las rosas (¡putas rosas!). Darme cuenta que dentro de mi simple rutina dominguera estaba la mar de feliz y que ahora lo disfruto aun mas, tanto que el sentimiento me agobia y he tenido que sentarme a escribir porque si no exploto, pero de felicidad.